jueves, 22 de enero de 2009

Seyhan

Seyhan tiene 24 años y es una chica moderna.
Seyhan no es especialmente guapa, ni atractiva, ni estilosa pero es lo suficientemente lista para haber estado entre el pequeño porcentaje de estudiantes que superan las duras pruebas de acceso a la universidad. Se licenció en lengua y cultura anglosajona y gracias a su nivel de inglés más que aceptable, trabaja en la universidad en un cargo con cierta responsabilidad del que se siente orgullosa. Sus amigos dicen que además tuvo la suerte de estar en el sitio adecuado y conocer a la persona adecuada.
Seyhan acaba de alquilar un espacioso piso que mantiene pulcro y ordenado, presidido por una foto de su madre velada y su padre ataviado con el tradicional y respetable bigote, donde recibe a sus amigas para tomar el té y alguna vez organiza una fiesta donde permite la entrada a unos pocos y escogidos amigos. En su trabajo se esfuerza por mostrarse profesional y muy ocupada aunque el inconfundible pitido del messenger desvele el carácter privado de su enérgico tecleo.
Y es que Seyhan se va a casar.
En su facebook, poblado de románticas aunque pudorosas fotos de pareja sentencia: “El y yo y el resto no me importa” para horror de los estudiantes extranjeros que dependen en buena medida de su buen hacer. Ella muestra una alegría casi naïf y decora sus espacios laborales y virtuales con fotos del futuro matrimonio uniendo sus mejillas dentro de un corazón de color rosa.
Al ser preguntada por su boda se ríe de manera nerviosa y confía en que todo salga bien, ya que sus hermanas y su madre se han puesto manos a la obra para que ese día sea el más feliz de su vida. Se muestra consternada ante mi falta de hermanos y muy desorientada porque en España la media de edad para el matrimonio en las mujeres está estadísticamente establecida en más de 30 años. “Aquí, la chica que con 25 no se ha casado tiene un problema”, cuenta muy seria.
Respecto a su novio, nos explica que es un pariente que aunque conocía desde la infancia no se volvieron a encontrar hasta hace menos de un año en una boda familiar. Empezaron a hablar y se cayeron bien. “Luego, mi familia me preguntó por qué no?, la familia de él le preguntó lo mismo y nosotros nos preguntamos: por qué no?” explica. Desde entonces se han visto unas cuatro veces coincidiendo con las vacaciones ya que él vive y trabaja en Estambul, aunque chatean a diario y hablan por teléfono a menudo.
“La familia es lo más importante” sentencia con expresión solemne
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2 comentarios:

Alvaro Vazquez de la Torre dijo...

¿La familia no es demasiado importante para esta chica? ¿Se apellida Corleone?

Sin identidad dijo...

Pues no es ni mucho menos un caso aislado aqui en Trabzon. Muchos matrimonios son concertados por las familias que, al ver que sus hijos llegan a edad casadera, buscan una buena chica de una familia que conozcan (preferentemente vecinos) para emparentar.